Sentado en su pieza recordó sus días de Guerra. Recordó el olor. Recordó el olor del silencio. La distancia y la vuelta. El haberse ido de ese lugar donde se libró esa guerra. Todo ello aún estaba en su cabeza. Alejado de sus colores continuaba el viaje. Su Viaje.
Miró al espejo. Quiso ver tras el vidrio. Saber si había alguien detrás. Reconocer a la persona que se escondía tras esa piel. Ver si sabía en qué Estado estaba estando. No sabía de donde salir o hacia dónde ir. Si sabía que era responsable del joven que alguna vez fue y ahora era ese adulto en transición vaya uno a saber.
Abrir la puerta. Salir. Ver la calle. Los autos. Un segundo después de ver pasar el auto el cerebro le da al resto del su ser es la tranquilidad de lo conocido. Sentir que la información recorre el cuerpo. Todo se desdoblaba y vuelve a un lugar. Como si se espejase la vida. Todo camina. No frena. Todo se mueve en el movimiento. Como si hubiese una vibración dentro de los movimientos.
- Es el estado de las cosas – murmuró.
Prendió y siguió. Subió a la bicicleta. Se puso la capucha. Giró en la primer cuadra o la cuadra giraba mientras él iba desplazándose. El plano del tiempo. El tiempo como vibración haciendo música. Música que viaja. Música que busca abrir caminos.
Su cuerpo le devolvía algo. Algo del Estado. Algo del ser. Algo de la responsabilidad. Era él. No eran sólo las cosas del estado. Había alguien más que habitaba en la maraña de tejidos, músculos, sangre, carne, huesos y piel. No eran solo sus genitales. El deseo de ser libre. El deseo de expandir la mente. El deseo de desear. No ir hacia el deber ser.
Era su propia persona yendo y viniendo. En todo caso siendo parte de ese camino. Un camino que inició un día y lo empezó a habitar transitándolo cada momento de forma diferente. El atrás ahora estaba adelante y el futuro se iba develando a cada paso.
En la urgencia buscaba la calma. Prefería pasar a las cuadras de a una. Es personal. Habitarse. Reconocerse. Reflexionar. Volver a ser. Bien sabía que su pretensión no era morir en el segundo acto. Todo lo que fue, seguía vivo dentro de sí, pero de otra manera y forma. Era todas esas personas que fue y todas las por venir.
Entendía eso y no importaba bien quien controlase lo que decía controlar, sino ser en los actos de libertad. Ser el que decidía sus pasos. Poder elegir. Siempre poder elegir aunque sea insistir. La elección como forma de reafirmación. Dar un paso más…